Cuentos para pensar Recuerdos

Mordiendo el tiempo

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es muy bueno. Además, les parece que está bien contado.
  • A Pilar Fernández le han enviado 16 abrazos, 8 sonrisas, 8 besos y 10 buenos recuerdos.


  • por Pilar Fernández
    España / 2009

    Fecha de alta 07-02-2010


    Aquel hombre era muy seductor, tenía ese aire de los caballeros antiguos, pero sin embargo con una forma de ser y actuar muy modernas adaptadas a las últimas tendencias.

    Era soltero, pero tenía una amante casada a la que solía ver tres veces por semana cuando salía del trabajo sobre las ocho de la tarde. Recorría los mil metros a los que se encontraba el apartamento donde lo esperaba ella. Sacaba su llave, y nada más abrir la puerta, la encontraba con la mejor de sus sonrisas y alguna prenda sexy con la que solía recibirlo.
    Se acercaba despacio a él, e introducía sus dedos entre el cabello corto y fuerte y, le daba un masaje en la cabeza. Era algo que le gustaba y lo relajaba. Mientras él, la abrazaba por la cintura y la acercaba a su cuerpo tenso y excitado.

    Esos eran los primeros pasos, hasta que comenzaba a hacer efecto la química entre ellos. Y aparecían los besos, las miradas tiernas y las caricias aprendidas y deseadas por ambos.
    El reloj no se detenía y los minutos volaban de forma vertiginosa y la ansiedad y el deseo hacían su aparición con cada despedida, con cada caricia prolongada.

    Había nacido para ellos, un mundo lleno de deseo desenfrenado, de besos y caricias que necesitaban más que el propio aire.
    Pero cada noche cuando se despedían, él comenzaba a sentir esa sensación de que un día ella se cansara y que le pidiera más. Que ya no se conformara con esas tres tardes por semana, con esos minutos, con esos abrazos desesperados y esos besos como despedida de última hora. Apresurados, mirándose a los ojos y pidiendo más amor, más minutos para sentirse felices, relajados y tal vez dormir algún día el uno en brazos del otro.

    Pero al mismo tiempo, ese estrés y ese deseo de tenerse más, estaba provocando que la relación se estuviera volviendo tensa en muchos momentos. Debido a la angustia de las despedidas. Aunque eran tan felices que sólo de pensar en dejar de verla le producía escalofríos. Así que seguían mordiendo el tiempo y consumiendo su amor, durante unas horas, como si se tratara de la bebida más dulce.


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