Cuentos para pensar Recuerdos

Homenaje a una vida

  • Los lectores consideran que el recuerdo en sí es sumamente bueno. Además, les parece que está muy bien contado.
  • A María José Vázquez Alonso le han enviado 378 abrazos, 345 sonrisas, 368 besos y 419 buenos recuerdos.


  • por María José Vázquez Alonso
    España / 2007

    Fecha de alta 07-04-2007


    Aún recuerdo tus abrazos cálidos, inmensos y seguros; un tanto perdidos en los recuerdos del pasado, en toda una vida de silencios y de cadencias extrañas…
    Una niña en medio de una guerra, en un pueblo pequeño, en una montaña, en un pasado quizás no tan lejano. Le podemos incluso poner un nombre, Manuela. 

    Soldados, rencillas, un padre arrastrado en la oscuridad y para siempre perdido en una fosa oscura con una bala sin nombre.
    Puedo sentir tu miedo, está en mí, pues corre por mis venas, está en mi sangre, en tus besos y tus abrazos, en tus cuentos, en el aire que silencias.

    Después de aquella noche oscura, el miedo.

    La supervivencia de aquellas que siempre quedan al final en las guerras, de las que deben someterse, violadas y agredidas en lo poco que les queda, la esperanza perdida. Sobrevivir.

    Pero como ella misma me dice en su silencio, todo pasa y la guerra acaba, se sobrevive.

    No preguntéis cómo, ella nunca lo cuenta, sólo lo pequeño, lo que no importa recordar, y enseguida pasa, y lo que no me contó, lo adiviné o me lo contaron otros mucho más tarde.

    Pero cambia aquí la historia, pues como todas, aún las peores, no son ni buenas ni malas, sólo de esos colores indefinidos, prendidos del amanecer y del anochecer.
    Una tarde en una calle estrecha, en una pequeña ciudad, un militar pasea de permiso, recuerda que ayer venía de ver un partido de fútbol cuando el tren paró en un pueblo que conocía, donde en la guerra unas muchachas, apenas una niñas les lavaba la ropa, y en la larga parada del tren se bajó y preguntó por ellas…, no están le dijeron, de lo demás nada le contaron.

    En la pequeña ciudad, en la calle estrecha, de lejos la ve venir, no hace ni un día que preguntó por ella, en un pueblo pequeño, en una montaña, después de una guerra.

    Una sonrisa a lo lejos.

    ¿Manuela? pregunta. Un nuevo comienzo…

    Después, un pequeño espacio en blanco en mi memoria, nadie habla; sólo en susurros, más tarde, él me explica.
    Un abrazo, un beso, supongo... pues me miro en ella y pienso, que yo si hubiese sido ella necesitaría un amigo, una sonrisa, una alta pared, un muro, que me proteja… 

    Luego todo corre, como siempre ha sido, una boda no aceptada, supongo, más silencios en sus abrazos, en sus besos, casi mi madre pero más mucho más.

    Más tarde amor, hijos, aceptación, la vida que nos alcanza y nos supera, nietos… y muchos años por delante, siendo el pegamento más fuerte de nuestras vidas, pero…

    Yo sentía sus silencios en sus besos, en sus abrazos, en todo el amor que me dio y dio a otros, a tantos otros, incluso en su matrimonio como en todos los de aquellos años hubo silencios que yo no veía aún y que otros no comprendieron… ni si quiera al final.

    Aún recuerdo su funeral. Nunca una iglesia estuvo tan llena de dolor y de amor, nunca nadie fue tan llorado, nunca nadie tan recordado… con ella todo se perdió, mi mundo se rompió, y el de él, aunque nadie lo entiende… pues se cruzaron en una calle estrecha en una ciudad pequeña y a penas se conocían.

    Ella era mi abuela, mi madre, Manuela, hace 14 años que murió. Nunca conocí a nadie que se preocupara tanto por los demás, era querida por todos los que la conocían, incluso los que se opusieron a ella no pudieron más que amarla, nunca se perdió tanto amor en una sola persona…Murió después de dos años, de atroz sufrimiento por un terrible cáncer.

    Hoy abuela quiero que sientas, que aún recuerdo tus abrazos, cálidos, inmensos y seguros; un tanto perdidos en los recuerdos del pasado, en toda una vida de silencios y de cadencias extrañas…
    Y que te quiero.

    Y que perdones, por no poder haber estado al final a tu lado, cogiéndote la mano, pero que sepas que mantendré mi promesa, y estaré a su lado cogiéndole la mano, cuando él vaya a buscarte.

    Homenaje a mi abuela Manuela Chamorro


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