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En agosto de 2007, una turista inglesa corroboró que el guía se inventaba el pasado de los monumentos y el de sus constructores. Lo desenmascaró abiertamente, bajo el amparo de un libro acreditado y el asombro de quienes compartían el tour. Esa misma tarde, sustituyeron al guía y el trayecto por el Cairo recobró los convencionalismos habituales.
Durante la cena, conversando, les quedó claro: Los datos seguirían en las librerías y bibliotecas, la sorpresa la habían dejado marchar. Exigieron a la compañía de viajes que recontratase a Mohamed Amiren. |
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 Al volver a Inglaterra, como es de costumbre, hablaron de sus vacaciones… ruinas, jeroglíficos, cultura exótica y, especialmente, del guía que sólo ellos tuvieron.
Mohamed se vio obligado a dejar el colegio a los 13 años. Aprendió inglés con los extranjeros que acompañaba por el zoco. Conoce poco la historia de los libros, pero siempre tuvo oídos, intuición e imaginación. A raíz de la inglesa que lo desenmascaró —digamos descubrió o encontró—, se ha aventurado, con 61 años, a trabajar por cuenta propia. Su lema: ‘Egipto se vive con cuentos’.  |
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