| Uno de los cuentos alegres: Cuando viajé a Perú en el 2005, prolongué mi estadía dos semanas más de lo previsto. La guía turística que nos mostró el Monasterio de Santa Catalina soltó, aturdida por tanta pregunta, una incongruencia sobre una aspirante a monja que sedujo mi atención. Ante mi interés por... Otro de los cuentos alegres: Me llamó la atención él, por su forma de mirarla, como si no fuese una desconocida que veía por vez primera, pero así era. Él había subido en la misma estación que yo y estaba solo. Recién en la siguiente parada, ella entró al autobús y no se percató de su presencia, pese a que se sentó junto a él. Después, sacó de la mochila un un dossier de ilustraciones. Él, como ya dije, la miraba, como si evocase un centenar de momentos... |