CUENTOS

 
Cuentos y no cuentos. Cuentos para quienes cuentan sin edad.
cuentos
canciones sin música

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( Rafael R. Valcárcel )

cuentos

Episodio uno: Volver a caer lo vale
La luna estaba fría, además de sucia. A través de ella, la figura de Críspula perdía altura a cada paso, hasta que se convirtió en un punto cuando se unió a la cola que aguardaba a que abriese la taquilla. Válmar, sin dejar de observarla, prestó atención a la canción que sonaba en la radio del coche.cuentos

Vivir en pecado
no es medalla al buen gusto,
mas bien es una condena.
Cuando el placer
se pierda en tu labios,
la dosis aumentarás.
Y poco a poco
los sentidos se irán
hasta que no puedas gritar:

Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.

Nada mejor
que vivir en perdón
con la tentación acechando.
Cuando tú caigas
te sabrá como a nuevo
aquello que nunca olvidaste.
Y sin tocar fondo,
aunque el esfuerzo lastime,
te recobrarás para volver a caer.

Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.

Nada peor
que vivir en pecado
con los sentidos nublados.
Lo que prefiero
es saberme tentado
para caer al tener el control.
Y suavemente,
con los sentidos frescos,
disfrutar el premio a la superación.

Caer, caer y caer,
caer y caer lo vale.
Caer...

Válmar dejó abierta la puerta del coche. Quería que la música lo siguiese, si fuese posible, hasta donde estaba Críspula. En el camino, tiró el último cigarrillo que se juró fumar… hasta que ella cayese con él.
Episodio dos: Flotando sobre el presente
Paso a paso se hacía más grande la espalda de la última persona que formaba la cola. Críspula, en ese final, temía otro. Bastaba girarse para que su sensación fuese totalmente distinta, para sentirse al inicio de una nueva etapa con quien estaba pronunciando su nombre; pero ella seguía viendo una espalda y tenía los auriculares puestos.cuentos

Si el pasado ya es historia
y el futuro, quién lo sabrá;
nunca dejes de concentrarte
en lo que puedes tocar.

Disfruta lo que posees
porque mañana no lo tendrás,
ni mucho menos lo que tiraste,
lo que dejaste pasar.

Ese discurso es el resumen
de su estrategia comercial,
pero un instante es una gota,
y la existencia es el mar.

Yo soy feliz
flotando sobre el presente,
sin pisotear el suelo por donde voy.

Yo soy feliz
con un recuerdo presente
y soñando mi vida más allá del hoy.

Hace ya años que ha fallecido,
y su sonrisa no se me va.
Sobre el reencuentro, yo imagino,
varias maneras de amar.

Si no se cumple lo que imagino,
mi sonrisa no cambiará.
Lo importante es lo que siento
cuando nos veo bailar.

Yo soy feliz
flotando…

Desistió de tocarle el hombro. En su lugar, Válmar la abrazó por la cintura para acoplarse a su ritmo. Críspula se sintió flotar y borró la discusión que habían sostenido en el coche. Empezó a imaginar un futuro en el que eran felices, pese a que creía que su relación estaba por terminar.
Episodio tres: Me da igual si nos da igual
Regresaron al coche para hacer tiempo. Quedaban un poco más de cuatro horas para que el concierto empezara. Y como las palabras se habían secado por las dudas de Críspula, encendieron nuevamente la radio.cuentos

No pintaron el mundo para ciegos,
aunque sin duda soy uno de ellos.
Los lienzos más caros son de papel,
con ellos se compran sueños a granel.

Un viaje, una boda, un despertador;
ofertas que atraen al nuevo deudor.
Si de aquel paraíso no quieres salir,
nunca cierres los ojos ni para dormir.

Yo, que no veo, creo en lo que siento,
por eso te respiro en cada momento.
Tu manera de ser a mí me da vida
porque así al natural es a mi medida.

Y todo, todo, todo lo pintado…
me da igual, igual, igual; si nos da igual.
Me da igual, igual, igual; si nos da igual...

Críspula quiso llorar. También quiso reír. Su rostro se mantuvo inexpresivo, esperando una señal de su pareja que la liberase de la incertidumbre, del miedo a tener que elegir. Válmar compartía su inseguridad, pero por desconocimiento; más bien por intuición. Sus manos se movieron unos centímetros, y al rozarse se quedaron quietas durante cuatro horas.
Episodio cuatro: El placer de la lengua
Las puertas del coliseo se abrieron a las miles de personas que aguardaban para entrar en el festival de música. Críspula y Válmar distaban por mucho de ser los primeros. Mientras la cola avanzaba, se podía oír a un dueto que estaba terminando de probar el sonido…cuentos

Entre tu cuerpo y el mío,
la lengua es el puente
que despierta nuestros sentidos.

Y tu lengua, que es mía,
empapa el escondite 
donde se prolongan nuestras caricias.

Problemas comunes,
situaciones de siempre,
pero lo que me atrae
es la ternura de tu voz.

Problemas comunes,
situaciones de siempre,
pero lo que te atrae
es que entiendo tu voz.

Entre tu pasión y la mía,
las palabras dibujan
los rincones de nuestras almas.

Y tu verbo, que es mío,
desnuda a los seres
que redescubren nuestros cuerpos.

Situaciones comunes,
problemas de siempre,
pero lo que te atrae
es la ternura de mi voz.

Situaciones comunes,
problemas de siempre,
pero lo que me atrae
es que entiendes mi…

Críspula continuaba un tanto extraña y Válmar no entendía el porqué. Así que en lugar de prestarle atención al dueto, se sumió en su memoria para encontrar alguna explicación. Nada. Entonces dio paso a la especulación, y ésta lo llevó de nuevo a revisar sus recuerdos, pero ahora prestó atención a los hechos felices, también a las fechas, a los detalles de los días previos y posteriores, y contó cada día, uno a uno, hasta desembocar en: “No, no, por favor no”.
Episodio cinco: Diez del cinco
Críspula, por su parte, no podía quitarse de la mente el incidente ocurrido de camino al concierto, cuando una mujer embarazada cruzó el paso de cebra y Válmar soltó un comentario desafortunado sobre esa silueta “echada a perder”. Seguía impactada. Incluso le irritó oír los aplausos que recibían a su grupo preferido…cuentos

La vida es un constante presente
hasta que tu presente es el pasado
de aquel en quien has sembrado
la sensatez de no mirar hacia atrás.

De no mirar para llorar,
tampoco para anhelar.
Solo suma y no resta
girar para no tropezar.

Pero hay un día que no se me borra:
un diez del cinco con todas sus horas,
con los segundos largos antes de verte
y un deseo cumpliéndose gota a gota.

Pero hay un día que no es historia:
un diez del cinco que siempre retorna,
con tus manos alargándose a cada vela
y los deseos sobreviviendo a cada soplo.

La vida es mi constante presente
y antes de que solo sea su pasado,
nuestras alas ya le habrán sembrado
las palabras para no mirar hacia atrás.

Para no mirar por mirar,
tampoco para anhelar.
Solo suma…

Críspula intentó controlar sus nervios, acentuados por los doce días sin fumar. Respiró profundo, unas cuantas veces, y, apretando las uñas contra sus propios palmas, le contó a Válmar lo que llevaba callándose un mes.
Episodio seis: Nube de color gris
En la cabeza de Válmar, los sinsentidos y las interpretaciones erróneas se esclarecieron a causa de la luminosidad, casi cegadora, de las últimas cuatro palabras de Críspula: “Espero un hijo tuyo”. El silencio que los envolvía solo fue percibido por ellos dos. El resto del público blandía los mecheros al compás de la música.cuentos

Cuando no hay danza que traiga vida,
ni tambores ni cantos que la despierten,
queda resguardarse a la sombra del tronco
y confiar en la profundidad de las raíces.

Cuando ya no hay lágrimas de alegría,
ni sudores ni risas que las provoquen,
queda agitar muy suavemente el abanico
y hacer durar las gotas bajo las pieles. 

Cielo azul con nubes blancas,
nubes blancas de mil formas,
mil formas que nos divierten,
a la espera de una gris.

La esperanza son dos oasis
que se conservan en la mirada
y que lentamente se evaporan
para formar la nube gris.

Cuando gota a gota reflorezca la vida,
cuando las lágrimas de alegría abunden,
nos miraremos bajo aquel frondoso tronco
a la espera de nuevas y largas sequías. 

Cielo azul con nubes blancas,
nubes blancas de mil…

Válmar quiso romper el silencio con una sonrisa. No pudo. Tenía miedo. No sabía exactamente de qué. La amaba, sin duda. Amaba a Críspula, que se alejaba hacia los servicios.
Episodio siete: Las espinas de la esperanza
El índice y el corazón de la mano derecha se arrastraron por la pared que terminaba en la puerta del aseo de mujeres. Críspula se refugió ahí, en el privado del fondo, donde a duras penas se oía a la vocalista de la banda.cuentos

Más,
un poco más,
aguanta más.
Él no desea
volverte a lastimar.

Más,
un poco más,
aguanta más.
Estás a punto
de hacerlo cambiar.

Ya no recuerdo,
se me olvidó,
cómo creó
esa primera lágrima
que me sacó.

Sólo recuerdo
qué provocó:
allí nació
una esperanza rosa
que a él me ató.

Más,
un poco más,
¡¡aguanta más!!

Pobre esperanza,
sola en la caja.
Como venganza,
nos encadena
a quien nos daña.

Rosa esperanza,
con cuatro espinas,
que siempre saca
si huele penas
cuando se ama.

Más,
un poco más,
aguanta más.
Él no desea
volverte a lastimar.

Más,
un poco…

Críspula seguía la canción sin problema alguno, ya que se la sabía de memoria. No obstante, esta vez la letra derivó en una arenga personal: “Lo criaré sin Válmar”, pensó repentinamente. Sabía que iba a ser muy complicado, pero también sabía que podía confiar en ella, sin sorpresas. Tras un suspiro, su mente regresó al concierto, dejándose llevar por la cadencia de la batería… hasta imaginar unos latidos en el vientre, que la sumieron en una profunda armonía.
Episodio ocho: La sencillez de un minuto
Cuando Críspula salió del baño, los tramoyistas recogían los últimos decorados del escenario. Varias horas antes, Válmar se había hecho con las cuerdas de una de las guitarras del grupo preferido de ambos. Después de eso, la estuvo esperando de espaldas al escenario, con la mirada cada vez más despierta.cuentos

Sin cuestionarse nada sobre sus pensamientos anteriores, se abrazaron. Y siguieron abrazados hasta que llegaron al coche, para regresar juntos a casa. Al rato de partir, Válmar bajó el volumen de la radio y los dos fueron improvisando una letra, sostenida por la melodía de la canción que había estado sonando. Él decía una palabra o dos, o una frase, y ella la completaba, o iniciaba otra… y a trompicones la fueron componiendo. A la mitad del camino, consiguieron cantarla al unísono.

Quiero sentir a tu lado
la sencillez del minuto
mientras él crece allí.
Quiero cantarle cerquita,
al compás del latido,
que le dé el ritmo para vivir.

Quiero, pasito a pasito,
disfrutar nuestras ganas
hasta que él llegue aquí.
Quiero hacerte cosquillas,
para que tú le contagies
la alegría y el placer de reír.

Y cada beso que doy
se triplica de amor
antes de que roce tu piel.

Y cada beso que doy
se triplica de amor…

Semanas después, Críspula y Válmar, acostados boca arriba sobre el suelo de la nueva habitación, contemplaban el móvil hecho con cuerdas de guitarra.
 por Rafael R. Valcárcel
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Canciones sin música es una historia de amor que está compuesta por ocho episodios que transcurren durante un festival de música diversa. Ahí Válmar y Críspula redescubren su relación. La historia inicia con Volver a caer lo vale y, al igual que éste, cada episodio se desliza en el marco de una canción.
1) Volver a caer lo vale
2) Flotando sobre el presente
3) Me da igual si nos da igual
4) El placer de la lengua
5) Diez del cinco
6) Nube de color gris
7) Las espinas de la esperanza
8) La sencillez de un minuto
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